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La polarización es el síntoma necesario del cambio

Solo la movilización popular permitirá legitimar y llevar adelante las transformaciones, y en los ecuatorianos hay una predisposición, una decisión clara para esto desde hace mucho tiempo. La salida de la OXy, por ejemplo, ¿no fue resultado de una serie de movilizaciones, de distinta magnitud? La no firma del TLC igual. El triunfo mismo de Correa responde a esta realidad en la conciencia de las masas.

26 de enero de 2007

El presidente Rafael Correa debe estar tranquilo: el pueblo no le fallará mientras él no le falle. Esta es su garantía para continuar con el ritmo y la actitud cumplidora con la que ha iniciado. Hasta hoy el primer mandatario ha constatado que es posible confrontar al poder y mantener una ventaja sobre él, todo es cuestión de no ceder en los principios y de mantener los pies sobre la tierra.

Evidentemente la práctica es la única que puede traer consigo la calificación en el accionar político al frente del Estado. Los errores pueden venir, pero si son de buena fe no afectarán de manera importante. El objetivo siempre debe ser no cometerlos. Hay que trabajar sobre una cualidad del buen líder: el respeto a las masas, hay que saber escucharlas, pues son ellas las protagonistas de los cambios, no los individuos como tales.

La derecha se recompone, busca nuevas armas, nuevas estrategias de corto, mediano y largo plazo. Está en su terreno natural, porque es su sistema, sabe moverse en él. Hay que mantener permanente vigilia: la acción de Sociedad Patriótica si bien puede ser interpretada como la respuesta ineludible a una corriente mayoritaria de apoyo a la Constituyente, puede ser también parte de una estrategia que busque torpedearla desde dentro. Como bien lo han señalado algunos analistas, Lucio Gutiérrez actuó así para salir ganando. Ahora buscará abanderarse de la Constituyente, ganar fuerza en su interior y, cuando la domine, volverla contra las fuerzas del cambio.

No hay que temerle a la polarización, porque ella es el síntoma necesario del cambio, y no hay cambio verdadero que no tenga ribetes de violencia revolucionaria, puesto que el poder jamás se retira en paz de la escena. Eso de que se hará una revolución sin tirar ni una sola piedra suena bonito, pero es irreal. Por otro lado, solo la movilización popular permitirá legitimar y llevar adelante las transformaciones, y en los ecuatorianos hay una predisposición, una decisión clara para esto desde hace mucho tiempo. La salida de la OXy, por ejemplo, ¿no fue resultado de una serie de movilizaciones, de distinta magnitud? La no firma del TLC igual. El triunfo mismo de Correa responde a esta realidad en la conciencia de las masas.

Un aspecto fundamental para la realización de los cambios es la unidad popular. Varias han sido las ocasiones en que hemos comprobado que el no tenerla ha significado retrasos en el proyecto popular general. También hay pasos positivos en este tema, pero será necesario mantenerlos y avanzar en ellos. La elección de asambleístas es otra prueba de fuego: ¿seguirán preocupados algunos en los carguitos, antes que en el proyecto a largo plazo? El tiempo lo dirá. En todo caso, la posibilidad de una lista única entre las fuerzas del gobierno, progresistas y de izquierda es la mejor y la única que permitirá que gane el Ecuador.

 

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